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lunes, 24 de mayo de 2010

Izanagi e Izanami


Izanagi e Izanami, observando desde el Puente Flotante del Cielo el abismo que se abría a sus pies, se preguntaron si existiría algún país allá abajo. Determinados a descubrirlo arrojaron una lanza enjoyada y descubrieron el océano. Al extraer la lanza, las gotas de agua que cayeron de su punta se solidificaron y formaron la isla de Onogoro-jima (“isla generada espontáneamente”).
Los dos dioses descendieron sobre la isla y, al tiempo, decidieron unirse en matrimonio. Si bien eran hermanos, este hecho no impedía su casamiento. Las deidades erigieron un pilar en el medio de la isla. Izanagi caminó rodeándolo por un lado e Iza-nami, por el otro. Cuando se encontraron, Izanami dijo: “Es grato encontrarse con un joven tan encantador”. Pero esta ingenua afirmación, lejos de agradar a Izanagi, desató la cólera del dios que recriminó a la diosa: “Soy un hombre, y como tal, debo hablar en primer lugar. ¿Por qué, siendo tú una mujer, has osado hablar primero? Así no es correcto. Volvamos a empezar”. Así que las dos deidades rodearon el pilar de nuevo. Cuando se encontraron Izanagi dijo: "Es grato encontrarse con una doncella tan hermosa”. De este modo, Izanagi e Izanami se unieron como esposo y esposa.
Izanami dio a luz a las islas, los mares, los ríos, las hierbas y los árboles. La diosa y el dios debatieron y concluyeron lo siguiente: “Hemos engendrado el país de las ocho grandes islas, con montañas, ríos, hierbas y árboles. ¿Por qué no engendramos a alguien destinado a ser el Señor del Universo?” El deseo de las divinidades se cumplió y así nació Amaterasu, la diosa del Sol, también conocida como la “Diosa gloriosa que ilumina el Cielo”, tan extremadamente hermosa que sus padres hicieron que ascendiera por la Escalera del Cielo para que su glorioso resplandor reluciera por siempre sobre la tierra.
A continuación nació el dios de la Luna, Tsuki-yumi. Su brillo plateado no era tan hermoso como la dorada luz de su hermana, la diosa del Sol, pero aún así tenía aptitudes suficientes para ser su consorte. Así que el dios de la Kuna también ascendió por la Escalera del Cielo. Pero los hermanos pronto discutieron y Ama-terasu dijo: “Eres un dios malvado. Jamás volverán a encontrase nuestras caras”. De este modo se separaron el día y la noche y los dos dioses jamás volvieron a estar juntos.
El siguiente hijo de Izanagi e Izanami fue Susa-no-o (“Macho impetuoso”).
Izanami dio a luz al dios del Fuego, Kagu-tsuchi, pero el nacimiento del dios provocó que Izanami enfermara gravemente. Izanagi, arrodillado en el suelo, lloraba y se lamentaba con amargura. Pero sus lamentos de nada sirvieron e Izanami partió hacia la Tierra de Yomi (Hades).
Su señor, que no podía vivir sin ella, se dirigió también a la Tierra de Yomi y cuando su esposa lo vio, le dijo apesadumbrada: “Mi señor y marido, ¿por qué has venido tan tarde? Ya he comido de las viandas de Yomi. Ahora voy a tumbarme para descansar un momento. Te ruego, por favor, que no me mires”.
Pero la curiosidad de Izanagi era tal que no pudo satisfacer la petición de su esposa. Como la oscuridad en el Yomi era tanta, se desprendió de uno de los peines que ceñían sus cabellos, arrancó una púa y la prendió para iluminarse. La visión que se abrió paso ante sus ojos era extremadamente aterradora. Su antes bella esposa se había transformado en una criatura hinchada y purulenta. Sobre ella pudo ver a ocho dioses del Trueno. Los truenos del Fuego, de la Tierra y de la Montaña contemplaban con malicia mientras rugían con sus estruendosas voces.
Izanagi, visiblemente asustado y asqueado, dijo: “Sin darme cuenta he llegado a esta tierra monstruosa e infecta”. A lo cual su esposa replicó contrariada: “¿Por qué no has cumplido el ruego que te hice? Ahora me has avergonzado”.
Izanami estaba tan disgustada con su marido por haber ignorado su deseo y haber violado su intimidad que envió a los ocho horribles demonios del Yomi contra él. Izanagi desenvainó su espada y huyó hacia las oscuras regiones del inframundo. En su huida se desprendió de su tocado que, al caer al suelo, se convirtió en un racimo de uvas. Cuando los ocho demonios las vieron, se abalanzaron sobre ellas y las devoraron. Izanami, viendo que se retrasaban, estimó oportuno perseguir ella misma a su se-ñor.
Izanagi había alcanzado ya el Paso del Yomi, colocó una enorme roca y esperó la llegada de Izanami para pedirle el divorcio. Ente la proposición, Izanami respondió: “Mi querido señor y marido, si eso es lo que quieres, en un solo día, haré que todo el mundo muera”. Pero esta amenaza no tuvo ningún efecto sobre Izanagi, que replicó que, en un solo día, haría nacer a no menos de 1.500.
Parece ser que esta respuesta funcionó pues lo siguiente que sabemos es que Izanami escapó de la Tierra de Yomi, de una esposa enfurecida y de los ocho horribles demonios. Tras la huida, realizó una serie de abluciones para purificarse de las que nacieron numerosas deidades. El Nihongi recoge lo siguiente: “Tras esto, Izanagi, una vez concluido su cometido divino, sabiendo que su espíritu iba a sufrir un cambio, construyó una morada de penumbra en la isla de Ahaji, donde permanece desde en-tonces en silencio”.


2 comentarios:

  1. El torrent sin semillas es éste mismo texto?

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  2. Jajaja, sí. No sé por qué el torrent no me sube los archivos :s tendré que probar con otro programa...

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