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miércoles, 30 de junio de 2010

Los mensajeros divinos


Un día los dioses se reunieron en la Alta Llanura Celestial pues en la Tierra central de las llanuras de juncos (Idzumo) se producían continuos alborotos: "El suelo, las rocas, las ramas de los árboles y las hierbas aún tenían el don de la palabra. Por las noches sus voces se escuchaban como el clamor de las llamas; por el día resonaban como el zumbido de un en-jambre de abejas en verano". Además, algunas deidades actuaban de modo cuestionable. Los dioses decidieron poner fin a esta situación y, tras consultar unos con otros en Taka-mi-musubi, decidieron enviar a su nieto Ninigi a gobernar la Tie-rra central de las llanuras de juncos para sofocar la insurrección y llevar la paz y la prosperidad al país. Pero creyeron que antes era necesario enviar mensajeros para preparar su llegada. Primero enviaron a Ama-no-ho, pero como transcurrieron tres años sin recibir noticias suyas, decidieron enviar también a su hijo. Éste adoptó la misma actitud que su padre y de-safió las órdenes celestiales. El tercer enviado fue Ame-waka ("Joven príncipe celestial"), que fue igualmente desleal pues, en lugar de cumplir con sus obligaciones, se enamoró de una muchacha Shita-teru-hime ("Princesa de brillante her-mosura") a la que tomó por esposa.
Los dioses se reunieron de nuevo visiblemente molestos por el retraso de sus planes así que enviaron un faisán para ver qué ocurría en Idzumo. El faisán se posó en una rama de un árbol de la canela ante la puerta de Ame-waka. Cuando éste vio el pájaro disparó una flecha que atravesó al faisán y llegó hasta la residencia de los dioses, quieres la lanzaron de vuelta. La flecha alcanzó al desleal Ama-waka, que murió de inmediato.
El llanto de la "Princesa de brillante hermosura" alcanzó el Cielo pues amaba demasiado a su señor para darse cuenta de que su muerte había sido un castigo divino. Lloró con tanta fuerza, con tanto dolor, que las deidades celestiales pudieron oírla. Enviaron un suave viento que elevó el cuerpo de Ame-waka hasta la Alta Llanura Celestial y construyeron un altar mortuorio donde depositaron el cuerpo. Frank Rinder escribe: "Durante ocho días y ocho noches hubo gemidos y lamentos. El ganso en el río, la garza, el martín pescador, el gorrión y el faisán lloraron su muerte".
Un día un amigo de Ame-kawa, llamado Aji-shi-ki, escuchó el fúnebre lamento procedente del Cielo y se apresuró a ex-presar sus condolencias. Su parecido físico con el finado era tan asombroso que cuando los padres de éste, sus parientes, esposa e hijos lo vieron, exclamaron: "¡Nuestro señor está vivo aún!". Pero Aji-shi-ki se enfadó tanto que desenvainó su espada y destrozó el altar mortuorio, que al caer a la Tierra se convirtió en la montaña de Moyama.
La gloria de Aji-shi-ki era tan espléndida que iluminaba el espacio que ocupan dos colinas y dos valles. Todos los allí reunidos para el funeral entonaron la siguiente canción:

Como un collar de piedras preciosas
rodeando el cuello
de la doncella Tejedora
que mora en el Cielo.
¡Oh! el brillo Aji-suki-taka-hiko-ne,
como el de las joyas,
reluce por los valles.

De lado a lado del arroyo
que discurre entre rocas
y que los jóvenes del país
cruzan de un salto
lejos del Cielo,
¡ven aquí, ven aquí!
(las mujeres son hermosas)
y extiende tu red
en las aguas
del arroyo.
Nihongi. Trad. de W.G. Ashton

Dos dioses más fueron enviados a la Tierra central de las llanuras de juncos y pudieron llevar a cabo su misión con éxito y, cuando regresaron al Cielo, informaron a los dioses de que todo estaba preparado para la llegada del augusto nieto.

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