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miércoles, 14 de julio de 2010

En el palacio del dios del Mar


Hodori era un gran pescador y su hermano, Hoori, un consumado cazador. Un día exclamaron: "Cambiemos nuestras herramientas para comprobar nuestras aptitudes". Así lo hicieron, pero al hermano mayor de nada le sirvieron sus habili-dades pesqueras y regresó a casa sin ninguna pieza tras su jornada de caza. Tras devolverle a su hermano el arco y las flechas, le pidió que le entregara su anzuelo. Pero Hoori lo había perdido y, aunque le ofreció a su hermano otro, éste lo rechazó desairado. Cuando le ofreció una bandeja repleta de anzuelos también la rehusó diciendo: "Aunque aquí hay muchos anzuelos, ninguno es mi viejo anzuelo. Por tanto no los cogeré".
Hoori, disgustado por la severidad de su hermano, se fue a la orilla del mar y rompió a llorar. Un amable anciano llamado Shiko-tsutsu no Oji ("Anciano Mar salado") le preguntó: "¿Por qué lloras?". Cuando Hoori le relató su triste historia el viejo replicó: "No llores más pues te voy a ayudar".
El anciano fabricó una gran cesta donde metió a Hoori dentro y la lanzó al mar. Ka cesta se hundió en el agua hasta llegar al fondo del mar. Hoori vio que había llegado a un hermoso paraje tapizado de algas de formas fantásticas. Descendió de la cesta y caminó hasta que llegó al palacio del dios del Mar.
Este palacio era imponente, con sus almenas, sus atalayas y sus majestuosas torres. En la puesta había un pozo y a su lado un árbol de la canela. Hoori decidió tumbarse un rato a la agradable sombra. Apenas habían transcurrido unos minutos cuando llegó una hermosa muchacha que se disponía a sacar agua pero, en cuanto vio al extranjero, huyó alarmada para contarles a sus padres lo que había visto.
El dios del Mar, nada más oír la noticia, preparó un "almohadón de ocho pliegues" e invitó al extranjero a expresarle el motivo de su vista. Cuando Hoori le relató la triste historia de la pérdida del anzuelo, el dios del Mar convocó a todos los peces de su reino, "a los de aleta ancha y a los de aleta estrecha". Acudieron cientos de miles de peces a la asamblea y el dios del Mar les preguntó si sabían algo del anzuelo perdido. "Nada sabemos -respondieron-, pero la mujer-roja (el tai o besugo) tiene una herida en la boca y no ha podido venir." El tai fue convocado y esta vez acudió, cuando inspeccionaron su boca hallaron el anzuelo perdido.
Hoori tomó a la hija del dios del Mar Toyo-tama ("Joya preciosa") por esposa y, durante un tiempo, vivieron felices en el palacio del fondo del mar. Pero, transcurridos tres años, Hoori comenzó a sentir nostalgia de su tierra y remordimiento por no haber devuelto el anzuelo a su hermano mayor. Como Toyo-tama estaba preocupada, decidió consultar con su padre. El dios del Mar, siempre educado y benévolo, comprendió el comportamiento de su yerno y le entregó el anzuelo diciendo: "Cuando vayas a darle el anzuelo a tu hermano mayor, antes de hacerlo dile: 'Un pobre anzuelo'". Le entregó también la joya de la Marea Alta y la joya de la Marea Baja y le dijo: "Si arrojas la joya de la Marea Alta, las aguas subirán de repente y tu hermano se ahogará. Pero si tu hermano se arrepiente y pide perdón, lanza la joya de la Marea Baya y las aguas bajarán de repente y así le salvarás. Si actúas así, tu hermano mayor por su propia voluntad siempre te será fiel y leal".
Cuando Hoori estaba a punto de partir, su mujer le dijo que estaba esperando un niño y que pronto daría a luz: "Cuando los vientos y las olas bramen, llegaré a la orilla del mar. Construye una casa para mí y espérame".

1 comentario:

  1. arigatou sensei por compartir con nosotros todo este material.

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