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lunes, 5 de julio de 2010

La llegada del augusto nieto

Ama-terasu obsequió a su nieto Ninigi, "Príncipe del arroz abundante" con varios regalos. Le entregó piedras preciosas de las montañas del Cielo, bolas de cristal blanco y, el más valioso de todos, la espada divina que Susa-no-o había hallado dentro de la serpiente. También le entregó el espejo realizado con estrellas en el que la diosa se había visto reflejada al salir de su encierro voluntario en la cueva. Varios dioses acompañaron a Ninigi, incluida Uzume, cuya danza había llenado de júbilo a los dioses.
Ninigi y sus compañeros apenas habían atravesado las nubes y llegado al camino de las ochos bifurcaciones del Cielo, cuando descubrieron alarmados una enorme criatura de ojos grandes y brillantes. Tan impresionante era su aspecto que Ninigi y los suyos, a excepción de la fascinante y cautivadora Uzume, dieron media vuelta en un intento de abandonar la misión. Pero Uzume se dirigió al gigante para preguntarle quién era aquél que osaba impedir su paso, a lo que el gigante respondió: "Soy la deidad de los Senderos y he venido a mostrar mis respetos por Ninigi y a suplicarle que me permita ser su guía. Ve a tu señor, hermosa Uzume, y transmítele mi mensaje".
Así que Uzume se dirigió a los dioses, que tan vergonzosamente habían actuado, y les hizo saber las buenas nuevas. Todos se regocijaron y emprendieron la marcha de nuevo, atravesando las nubes y el Puente Flotante del Cielo, hasta que finalmente llegaron a la cima de Takachihi.
El augusto nieto, con el dios de los Senderos como guía, viajó de una punta a otra del país que se iba a convertir en su reino. Un día llegó a un hermoso paraje y decidió construir allí su palacio.
Ninigi estaba tan satisfecho con el dios de los Senderos que, en recompensa a sus servicios, le entregó a la bella Uzume por esposa. Pero Ninigi también experimentó por sí mismo el amor cuando un día, mientras paseaba por la costa, se en-contró con una hermosa doncella. "¿Quién eres tú, la más bella entre las bellas?", preguntó Ninigi. "Soy la hija del "Dueño de la Gran Montaña". Mi nombre es Ko-no-Hana, la 'Princesa que hace florecer los árboles'", respondió la muchacha.
Ninigi se enamoró de Ko-no-Hana y se apresuró a visitar a su padre, Oho-yama, para pedirle la mano de su hija.
Oho-yama tenía una hija mayor, Iha.naga ("Princesa larga como las rocas"), y como su nombre indica, no ea hermosa en absoluto; pero su padre deseaba que los hijos de Ninigi tuvieran una vida tan eterna como la de las rocas. Por tanto presentó a sus hijas a Ninigi expresando su esperanza de que la elección recayera en Iha-naga. Al igual que Cenicienta, y no sus feas hermanas, es más querida por los niños occidentales, Ninigi permaneció fiel a su corazón y ni siquiera miró a Iha-naga. El rechazo enfadó a la "Princesa larga como las rocas", que gritó furiosa: "Si me hubieras elegido a mí, tú y tus hijos habríais vivido por muchos años. Pero como has elegido a mi hermana, tú y los tuyos seréis tan frágiles como las flores de los árboles, tan efímeros como el rubor de las mejillas de mi hermana".
Ninigi y Ko-no-Hana fueron felices durante un tiempo pero, un día, los celos comenzaron a acosar a Ninigi. No había ningún motivo para este comportamiento pero lo cierto es que Ko-no-Hana sufría tanto que se retiró a una cabaña de madera y le prendió fuego. De las llamas nacieron dos niños, Hoderi ("Brillo de fuego") y Hoori ("Sombra de fuego"), el abuelo del primer mikado de Japón.

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